Hoy releo por fin aquellas palabras que me prohibí durante estos cinco años.
Hoy me doy un homenaje, me permito disfrutar -esta vez en mi idioma- de esta novela romántica que un Julio de hace ya tiempo tus mejores amigas pusieron en mis manos.
Hoy me doy un homenaje, me permito disfrutar -esta vez en mi idioma- de esta novela romántica que un Julio de hace ya tiempo tus mejores amigas pusieron en mis manos.
Era verano, pero en Irlanda llovía. Giulia y todas las demás no paraban de hablar del libro en el salón de su apartamento. Se emocionaban tanto que, olvidándose de mi escaso conocimiento de italiano, empezaban a explicarme todos los detalles a toda velocidad, intentando que yo comprendiese lo maravilloso de la historia.
Valentina, una chica menudita y guapísima que tenía tres años más que yo, se percató de mi expresión y le susurró algo a Lorenza al oído.
Lore se levantó del sofá y subió a su cuarto. Cuando bajó traía en la mano un libro con una fresa roja en la portada y un diccionario italiano-inglés.
Esa misma noche, emocionada, me escapé del barullo de la casa en que vivía y, aprovechando que mis compañeras de habitación habían salido, abrí el libro por la primera página, y empecé a leer en la soledad de mi habitación abuardillada.
Al día siguiente, en clase, le devolví a Lorenza su libro lleno de post-its con dudas sobre alguna frase que no entendía, o una palabra que no había encontrado en el diccionario.
Ignorando al profesor (al que, por cierto, Lorenza no necesitaba en absoluto para mejorar su inglés), mi amiga me explicó uno por uno todos los capítulos complicados, y pronto se le unió toda la clase. Mr. Weffer acabó por desistir, y nos dio un break veinte minutos antes de lo que se indicaba en el horario.
Parecía que todos los italianos de mi clase conocían la novela.
Para cuando sonó el timbre yo ya me había enamorado de aquella novelita rosa.
Después de otra hora más de clase, bajamos a comer.
Lore y yo esperamos a los demás, que venían de sus clases en los edificios contiguos.
Noemi y Martina vinieron rápido a preguntarme cómo iba con libro seguidas por otras chicas.
Yo me explicaba en pseudo-italiano (hacía unos días que había dejado de necesitar a Lorenza como traductora) y gesticulando excesivamente.
También Noe y todas las demás cambiaron de expresión.

Cogimos una bandeja cada uno y nos pusimos a la cola.
Martina no pudo aguantarse más:
"Iria ha letto 3msc!"
Alguno de los chicos exclamó un simpático "no, otra más no..!", otros me miraban sorprendidos de mi supuesta agilidad con el idioma.
(todos habían leído el libro).
Luca me miró a los ojos y, vocalizando sin hablar me dijo: "io e te, tre metri sopra il cielo".
Sonreí y le di un beso.

Siempre que hacía algo así, uno de tantos detalles maravillosos que me brindaba cada día, siempre había algún grupito de chicas o chicos que susurraban sobre nosotros.

Los primeros días sólo oía críticas: "es demasiado gorda, demasiado pija para él".
o aventuradas predicciones ("pobre españolita, Luca sólo la quiere para entretenerse").
Con el tiempo, gracias sobre todo a Giulia y a Lorenza, conseguí cambiar la opinión que la gente tenía de mí.
Aprendí italiano, cambié mi dieta y me di cuenta que sonreír a todos no significaba para las italianas lo mismo que para mí. Y mucho menos sonreír a sus novios.
La gente empezó a acercarse a mí, a respetarme tanto como lo respetaban a él.
Algunas chicas -todas mayores que yo- me imitaban, los chicos me ayudaban a llevar los libros o la bandeja en el comedor.
Mis compañeras españolas, que me habían abandonado al segundo día, empezaron a acercarse a mí de nuevo; me pedían ropa y me decían cuán perfectos les parecíamos Luca y yo.
Las disculpas llegaron tarde, yo ya tenía nuevos amigos.
dos años después lei Ho voglia di te, también en italiano,
pero un día me prohibí a mi misma leer un solo libro más de Moccia, en un nuevo intento de velar por mi salud mental.
después de haber borrado su número, tirado sus cartas, roto sus fotos,... privarme de leer ciertas novelas no fue un sacrificio demasiado cruel.

En alguna parte de Roma, o dondequiera que te encuentres, quizás mires al teléfono y, como yo, pienses en recordar juntos aquellos momentos en los que estábamos
Lore y yo esperamos a los demás, que venían de sus clases en los edificios contiguos.
Noemi y Martina vinieron rápido a preguntarme cómo iba con libro seguidas por otras chicas.
Yo me explicaba en pseudo-italiano (hacía unos días que había dejado de necesitar a Lorenza como traductora) y gesticulando excesivamente.
Todas me escuchaban interesadas, incluso la guapísima Giulia, que desde que había descubierto que tenía más cosas en común conmigo de las que creía me sonreía mucho más a menudo.
De pronto me di cuenta de que la sonrisa de Giulia se había agrandado notablemente, y sus ojos se llenaron de secreto deseo.
De pronto me di cuenta de que la sonrisa de Giulia se había agrandado notablemente, y sus ojos se llenaron de secreto deseo.
También Noe y todas las demás cambiaron de expresión.
Reconocía esas caras, y pronto mi predicción se hizo realidad.
Sentí unos brazos grandes y morenos abrazándome desde atrás, y un beso en la mejilla.Luca y los demás chicos acababan de llegar.
Siempre se escaban un rato después de clase para fumar el segundo cigarro del día.Cogimos una bandeja cada uno y nos pusimos a la cola.
Martina no pudo aguantarse más:
"Iria ha letto 3msc!"
Alguno de los chicos exclamó un simpático "no, otra más no..!", otros me miraban sorprendidos de mi supuesta agilidad con el idioma.
(todos habían leído el libro).
Luca me miró a los ojos y, vocalizando sin hablar me dijo: "io e te, tre metri sopra il cielo".
Sonreí y le di un beso.
Siempre que hacía algo así, uno de tantos detalles maravillosos que me brindaba cada día, siempre había algún grupito de chicas o chicos que susurraban sobre nosotros.
Los primeros días sólo oía críticas: "es demasiado gorda, demasiado pija para él".
o aventuradas predicciones ("pobre españolita, Luca sólo la quiere para entretenerse").
Con el tiempo, gracias sobre todo a Giulia y a Lorenza, conseguí cambiar la opinión que la gente tenía de mí.
Aprendí italiano, cambié mi dieta y me di cuenta que sonreír a todos no significaba para las italianas lo mismo que para mí. Y mucho menos sonreír a sus novios.
La gente empezó a acercarse a mí, a respetarme tanto como lo respetaban a él.
Algunas chicas -todas mayores que yo- me imitaban, los chicos me ayudaban a llevar los libros o la bandeja en el comedor.
Las disculpas llegaron tarde, yo ya tenía nuevos amigos.
Siempre que hacía algo así, uno de tantos detalles maravillosos que me brindaba cada día, había algún grupito de chicas o chicos que susurraban sobre nosotros.
Aquel día todos los susurros, todos los comentarios y cotilleos coincidían.
Y desde entonces hubo quien se acostumbró a llamarnos Babi y Step.
Y desde entonces hubo quien se acostumbró a llamarnos Babi y Step.
dos años después lei Ho voglia di te, también en italiano,
pero un día me prohibí a mi misma leer un solo libro más de Moccia, en un nuevo intento de velar por mi salud mental.
después de haber borrado su número, tirado sus cartas, roto sus fotos,... privarme de leer ciertas novelas no fue un sacrificio demasiado cruel.
[En alguna parte de Roma todavía cuelga un candado con tu nombre y el mío escritos, Lore me dijo que lo habías trasladado cuando el gobierno avisó que iba a retirarlos porque ponían en peligro algunas estructuras del siglo III.
En alguna secreta callejuela está escrita nuestra fecha, debajo de 3 palabras, un núm3ro, y 3 letras mayúsculas.]
[En alguna parte de Roma quizás el aire te azote la cara montando en tu Vespa o quizás estés comiendo pizza con alguna de esas chicas que te miraban embobadas.En alguna secreta callejuela está escrita nuestra fecha, debajo de 3 palabras, un núm3ro, y 3 letras mayúsculas.]
En alguna parte de Roma, o dondequiera que te encuentres, quizás mires al teléfono y, como yo, pienses en recordar juntos aquellos momentos en los que estábamos
a tres metros sobre el cielo.]
TVB.
P.D. algunos me habeis preguntado por mi e-mail, está puesto en mi perfil, pero lo repito aquí no sólo para los que querais contactar conmigo, sinO también para aquellos que veais vuestra foto aquí y estéis en desacuerdo con su publicación, o queráis que os cite.
chic.chocolate9@gmail.com


